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Mujeres


Una hermosa mujer joven sale de la ducha, se envuelve en una toalla y le avisa a su marido que ya puede utilizar la ducha. Cuando él entra en la ducha suena el timbre de la puerta. La esposa le dice que ella abre, y baja a abrir la puerta envuelta en la toalla.
Cuando abre la puerta se encuentra a su vecino Bill, quien se queda boquiabierto ante la visión que se le ofrece. Entonces, él saca dos billetes nuevecitos de 100 dólares y le dice a ella que son suyos si deja caer la toalla hasta la cintura.
Ella piensa, "¿por qué no?", de modo que deja caer la toalla y coge el dinero. Bill jadea ante lo que ve; saca prontamente otros doscientos dólares y se los ofrece por dejar caer la toalla completamente. La mujer piensa que ya había llegado bastante lejos, así que no importaba, y deja caer la toalla al suelo. Bill la contempla un momento, le da las gracias y se va.

Cuando ella sube de nuevo, su marido que acababa de ducharse, le pregunta que quién había llamado a la puerta.
Ella contesta: "era simplemente Bill".
"¿Y ha traído los 400 dólares que me debe?", pregunta el marido.



Una senora de unos 50 anos de edad que visitaba una exposicion de pintura contemplaba cada cuadro con admiracion, hasta que al llegar a uno de ellos pregunto indignada:
¿Y a esto le llaman arte?
Y le contesta un edecán del lugar.
No senora, a eso le llaman espejo.




En la orilla de la carretera, el policía ve venir un coche que avanza a velocidad de peatón. Se sube en su patrulla y va en pos del infractor.

Cuando se acerca ve que hay cinco ancianas dentro, con los ojos bien abiertos y pálidas como fantasmas. La señora que va al volante, visiblemente confundida, le reprocha al agente:

"Oficial, no lo entiendo. Yo iba conduciendo exactamente a la velocidad permitida".

"Caramba, señora, conducir a una velocidad mucho más baja que el límite también puede ser peligroso".

"¡Pero, oficial, yo iba exactamente a la velocidad permitida: 22 kilómetros por hora!"

Tratando de contener la risa, el policía le explica que 22 no es el límite de velocidad sino el número de la carretera.
Un poco avergonzada, la dama sonríe y le agradece al policía haberla sacado de su error.

"Pero antes de dejarla ir, señora, dígame si todas están bien. Sus compañeras parecen estar muy asustadas y no han dicho palabra".

Restándole importancia al hecho, de inmediato, la señora responde:

"No se preocupe, pronto estarán bien: ¡Es que acabamos de salir de la carretera 190!"



Una señora va a sacar el pasaporte. El funcionario de turno le pregunta:
- ¿Cuantos hijos tiene, señora?
- Diez.
- ¿Cómo se llaman?
- Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, Bernardo, y Bernardo.
- ¿Todos se llaman Bernardo?
- Ajá.
- ¿Y como le hace para llamarlos cuando, por ejemplo, están jugando todos afuera?
- Muy simple, grito Bernardo y todos entran.
- ¿Y si quiere que vayan a comer?
- Igual. Grito Bernardo y todos se sientan a comer.
- Pero si usted quiere hablar con uno en particular, ¿cómo lo hace?
- Ah! En ese caso, lo llamo por su apellido.



- Carmen, estás enferma? Te lo pregunto porque he visto salir a un médico de tu casa esta mañana.
- Mirá, vieja chanta, ayer por la mañana yo vi salir a un >militar de la tuya y no estamos en guerra, ¿verdad?



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